Calidad de vida, Depresión, Psicología

Lo que debes saber sobre el duelo

El duelo es una de las experiencias más dolorosas que puede vivir el ser humano (Vedia, 2016). Quien ha perdido a un ser querido puede cuestionarse ¿Cómo viviré sin él o ella?  ¿Cómo recuperaré el sentido? ¿Es normal ver a la gente y sentirme ajeno a ellos? ¿Es normal ver a padres junto a sus hijos y enojarme al pensar que me arrebataron la posibilidad de vivir como ellos lo hacen? En este artículo encontrarás la descripción de las etapas normales del duelo, las características del duelo patológico y algunas orientaciones sobre cómo elaborarlo. 

El proceso del duelo

La psiquiatra Elizabeth Kübler-Ross realizó estudios con personas que se encontraban en etapas terminales de enfermedades como el cáncer, quienes sabían que pronto morirían. Como resultado de sus estudios pudo identificar cinco etapas del duelo:

  • Negación: en esta etapa la persona evita la experiencia de la muerte pues no puede asimilarla. Siendo honestos, muy pocas personas han tenido los espacios de reflexión acerca de su posible muerte o la de un ser querido, produciendo un sentimiento de sorpresa y evitación cuando se recibe una noticia relacionada con la pérdida.
  • Ira: cuando la persona se da cuenta de la pérdida, entonces surge un sentimiento de enojo y envidia a toda aquella persona que pueda significar un impulso de alegría y vivacidad. Tampoco se aprecian las bromas y reuniones sociales.
  • Negociación: la persona intenta retrasar la muerte cuando sabe que está próxima. Frases como se que moriré pero si tuviera más tiempo, son características de la etapa o llévame a mi en lugar de él o ella.
  • Depresión: en esta etapa, la persona comienza a sentirse ajena a los lazos con la vida, la muerte empieza a comprenderse. En consecuencia se rechazan visitas, se evita hablar, se llora y se lamenta. Es muy importante que estas manifestaciones se dejen expresar en la persona y no intentar alegrarle. Se tiene que respetar el dolor y dejar que la persona tenga contacto con él.
  • Aceptación: en esta etapa la persona comprende que la muerte es inevitable y se prepara para su aceptación.

Es importante señalar que una persona puede vivir las etapas en distinto orden, o bien no vivir alguna de ellas. Lo importante es identificar las que si se viven y darles una expresión saludable que permita su elaboración.

El duelo patológico

De acuerdo con Vedia (2016) el duelo patológico puede clasificarse en cuatro categorías:

  • Duelo crónico: aquel que se mantiene persistente a lo largo del tiempo, que parece nunca terminar, según los manuales de clasificación estos duran más de dos meses sin observar mejora en el ánimo de la persona.
  • Duelo retrasado: es el que se vive con poca intensidad en el momento de la pérdida, pero que se manifiesta de manera desproporcionada semanas o meses después. Este se observa en personas que tienen la idea irracional de que deben ser fuertes por la familia y suprimen sus emociones en el momento de la pérdida. Sin embargo semanas o meses después comienzan a vivir de manera invasiva las emociones como ira, enojo o conductas de riesgo.
  • Duelo exagerado: se observa cuando la reacción de la persona le causa incapacidad pues siente que se desborda y asume conductas desadaptativas como la depresión, consumo de alcohol, ataques de pánico, entre otros.
  • Duelo enmascarado: en este, la persona experimenta signos y síntomas que no asocia con el duelo. Por ejemplo enfermedades psicosomáticas y emocionales que parecieran no tener causa.

Por su parte, los manuales de clasificación diagnóstica establecen diferencias entre el duelo no patológico y un episodio depresivo mayor. (Morrison, 2014, pág. 591) con la aclaración de que un duelo normal desencadena un episodio depresivo mayor cuando el estado de ánimo se ve comprometido por más de dos meses, sin mejorar.

En el duelo normal la persona empieza a sentirse mejor con el tiempo, aunque con fluctuaciones, unos días está bien, otros triste, otros enojado y así sucesivamente. Tiene memorias positivas respecto al difunto pues sabe que hizo lo mejor que pudo y sabe que la vida sigue valiendo la pena. No presenta ideas suicidas.

Por otra parte, cuando el duelo deja de ser normal y se convierte en un episodio depresivo mayor, se observarán las siguientes manifestaciones: después de dos meses la persona se siente igual de mal o peor. Siente desesperanza y desesperación, no recuerda aspectos positivos del fallecido sino hace énfasis en su propio dolor y siente culpa la mayor parte del tiempo. Incluso, puede pensar en idear su propia muerte.

Elaborar el duelo

Muchas personas realizan búsquedas en Internet para aprender cómo superar el duelo, sin embargo el concepto apropiado es la elaboración. Superar implica una concepción social de dejar atrás, como un examen que se espera con nerviosismo, un mal paso al cuál hay que darle prisa, cuando en realidad la experiencia del duelo debe ser asimilada por la conciencia, como un episodio amargo de una película, pero parte de ella al fin.

Los ritos del duelo son necesarios para su elaboración: plantar un árbol, bañarnos en un río determinado, recorrer lugares compartidos con un ser querido significativo, mirar fotos, ir al cementerio, diseminar cenizas, pintar estrellas, soltar globos son algunas posibles acciones que pueden formar parte de un rito. El rito es portador de un significado en tanto en cuanto haya algo de carácter simbólico que se dice en él y que lo sustenta, y en tanto tenga sentido para nosotros. (Rodil, 2013)

Asimismo, la psicoterapia gestalt es una buena orientación para elaborar el duelo puesto que desde sus postulados establece la necesidad de hacer contacto con la experiencia, contactar con la ira, depresión, negociación y final aceptación. Un error bastante común en los pacientes que asisten a consulta por sospechar un duelo patológico es que han puesto en pausa o evitado las emociones y pensamientos que vienen asociados con la experiencia.

En conclusión, el duelo es una reacción normal que se desencadena por la pérdida de un ser querido, que afecta a la persona de manera intensa por no más de dos meses. Es importante que en este lapso se comprenda a la persona en duelo, se respete su dolor y se permita su expresión para evitar alargar el proceso y volverlo algo patológico. Si después de dos meses la persona no mejora, es necesario que busque atención clínica.

Fuente:

Morrison, J. (2014). Guía práctica para el diagnóstico clínico DSM V. México: El Manual Moderno

Rodil, V. (2013). Los ritos y el duelo, vivir tras la pérdida. España: Sal Terrae

Vedia, V. (2016). Duelo patológico, factores de riesgo y protección. Revista digital de medicina psicosomática y psicoterapia.

Fuente de la imagen.

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